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The Guardian en español

La natalidad en el mundo sigue bajando... y eso no es una mala noticia

Bebé medicamento.

Nicola Davis

Cifras recientes han revelado que, a nivel global, las mujeres ahora tienen un promedio de 2,4 hijos a lo largo de su vida. Pero si bien en algunos países esa cifra es mucho mayor –en Níger es de más de siete hijos por mujer–, en casi la mitad de los países, incluidos Reino Unido, Rusia y Japón, la tasa ha caído por debajo de dos.

Esta caída ha sido causa de alarma, incluso algunos han advertido que este descenso en el número de hijos pone a algunos países al borde de un desastre por despoblación.

Sin embargo, Sarah Harper, exdirectora de Royal Institution y experta en cambios poblacionales de la Universidad de Oxford, afirma que en lugar de ser recibidos con alarma y pánico, la caída de la natalidad total debería ser celebrada y los países no deberían preocuparse si no crece su población.

Harper señala que la inteligencia artificial, la migración y unos ancianos con mejor salud hacen que los países ya no necesiten poblaciones en crecimiento para sostenerse. “La idea de que hace falta mucha gente para defender a tu país y para lograr crecimiento económico es una noción muy anticuada”, dijo.

Tener menos hijos también es indudablemente positivo desde un punto de vista medioambiental. Una investigación reciente ha concluido que tener un hijo menos reduce el impacto ecológico de un adulto en 58 toneladas de dióxido de carbono al año.

Harper añade que es esencial reducir nuestro consumo, sobre todo teniendo en cuenta que los países africanos y asiáticos, donde más rápidamente crece la población, necesitarán una mayor proporción de recursos si queremos atacar la desigualdad global.

“Deberíamos alegrarnos por una caída de la tasa de fertilidad total (número medio de hijos por mujer), porque hace 25 años estábamos aterrados de que la población mundial iba a llegar a 24.000 millones”, explica Harper, que tiene tres hijos. La experta señala que las estimaciones ahora calculan que la población mundial será de entre 10.000 y 12.000 millones a fin de siglo.

En muchas ocasiones se han registrado caídas en la natalidad total cuando se desarrollan las economías nacionales, mejora la sanidad pública y cae la mortalidad infantil, y las mujeres se encuentran criando familias más numerosas. “Esto es un proceso natural”, destaca Harper, añadiendo que los motivos de estas caídas incluyen mayor planificación familiar y mayor nivel educativo de las mujeres –con niñas que estudian y luego se incorporan al mercado laboral–, lo cual les permite retrasar el momento de tener hijos y elegir cuántos hijos quieren tener, si es que quieren tener alguno.

Sin embargo, todavía se genera una sensación de alarma en los países cuando la tasa de fertilidad total cae por debajo del llamado nivel de reemplazo, la cifra mágica de 2,1.

“La migración, ese maravilloso acto de equilibrio”

Desesperados por tomar medidas contra la escasez de bebés en medio de la falta de trabajadores y cuidadores para las personas mayores, algunos países han promovido iniciativas para fomentar la reproducción, utilizando métodos variados, desde viajes para la formación de parejas en Taiwán hasta campañas publicitarias.

Entre 2006 y 2018 Corea del Sur gastó unos 118.000 millones de euros intentando promover la reproducción de su población, y aunque en 2016 en Italia tuvieron que retirar unos carteles que decían “La belleza no tiene edad…la fertilidad sí” por quejas de que eran sexistas e incluso fascistas, se mantuvo el “día de la fertilidad” en el calendario, y el Gobierno actual sugirió recientemente que se podría premiar con un terreno a las familias que tuvieran hijos.

Incluso en China, famosa por su política de un solo hijo, hay preocupación y algunos académicos han propuesto recientemente que se multe a las parejas que tengan pocos hijos, mientras se ponen nuevos obstáculos al aborto y al divorcio. Sin embargo, Harper afirma que los temores de que la caída de la natalidad retrase el desarrollo de los países no tienen fundamento.

“Un pequeño número de personas con alto nivel educativo en las áreas económicas del saber en Europa tiene mucho más peso que un aumento de población, porque muchas de las tareas laborales se van a resolver gracias a la automatización”, opina Harper. La experta afirma que la inteligencia artificial y la robótica están alejando de los trabajos industriales y que hay que dirigir los esfuerzos a educar a las nuevas generaciones, en lugar de promover la procreación.

También remarca que los cambios en el campo militar reducen los temores de algunos países de quedar en una situación de vulnerabilidad. Estos temores se reflejan, por ejemplo, en un reciente aumento de la edad máxima permitida para entrar a las fuerzas armadas en Japón. “No necesitamos mucha gente en las fuerzas armadas. Los conflictos armados modernos no son así”, señala.

Respecto de la necesidad de cuidar de la población anciana, los bebés tampoco solucionarían ese tema porque a los bebés también hay que cuidarlos y tardan años en entrar en el mercado laboral.

“Toda la evidencia indica que si las familias, los hogares, las sociedades y los países deben lidiar con un alto número de dependientes, esto requiere una cantidad de recursos que podrían destinarse al progreso de la sociedad, la economía, etc”, explica Harper, añadiendo que el “problema” de una población anciana también tiene que reevaluarse, teniendo en cuenta que está avanzando la tecnología para ayudar a las personas dependientes y que cada vez se llega con mejor salud a la tercera edad. “Es mucho más fácil ayudar a los ancianos a vivir mejor y de forma más saludable, incluso dentro del mercado laboral, que decirles a las mujeres ‘tenéis que tener hijos’”.

De hecho, empoderar a las mujeres puede hacer más por modificar la tasa de fertilidad total que promover la natalidad, afirma Harper, aunque no necesariamente se genere un “baby boom”. “En las sociedades que le permiten a la mujer tener hijos y permanecer en el mercado laboral, las mujeres pueden pasar de no tener hijos o tener uno a probablemente tener dos”. En las sociedades ricas, la población adinerada puede querer tener más hijos.

Y hay otra solución: la migración, algo que Harper asegura que ha ayudado a Europa y América del Norte a lidiar con su población cada vez más envejecida, impulsando las economías desde la Segunda Guerra Mundial. En Alemania, las mujeres ahora tienen un promedio de 1,4 hijos a lo largo de su vida. “Creo que una de las razones por las que Angela Merkel aceptó acoger a un millón de refugiados fue porque necesitaba desesperadamente aumentar la cantidad de población activa laboralmente”, cuenta Harper.

Este argumento, si bien puede enfurecer a los populistas de derechas, es muy poderoso. “La migración, ese maravilloso acto de equilibrio”, concluyó.

Traducido por Lucía Balducci

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