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Por qué las personas de derechas tienen más posibilidades de ser negacionistas del cambio climático

Donald Trump

Raúl Rejón

Ante el grito de un grupo de adolescentes –Greta Thunberg incluida– este miércoles en la Cumbre del Clima de Madrid que decía, en inglés: “¿Qué queremos? Justicia climática. ¿Y cuándo? ¡Ahora!”, la respuesta difundida por Ignacio Garriga, parlamentario del partido de extrema derecha Vox, ha expandido una mentira: “Puños en alto reivindicando el comunismo. El cambio climático es la excusa para imponernos la agenda globalista”.

Los bulos expandidos, primero contra la evidencia científica del cambio climático y, ahora, sobre la forma de afrontarlo, tienen predicamento. Tanto como para tener a uno de sus propagadores como presidente de EEUU –este mismo miércoles, Donald Trump se ha mofado ante su audiencia en un mitin de las energías limpias al burlarse de los molinos de viento– y a otro como jefe de Estado en Brasil. Tanto como para colocar 52 diputados en el Congreso español.

Detrás de quienes propagan discursos como el arriba mencionado hay “arrogancia intelectual y orgullo en ser diferente”, explica entre sesiones de la COP el director de la Energy and Climate Intelligence Unit, Richard Black. “El principal resorte que se activa en el cerebro de las personas que creen estas campañas es la ideología”, remacha el psicólogo y director de Psicología Cognitiva de la Universidad de Bristol, Stephen Lewandoski.

Lewandoski, que se ha especializado en desinformación y cambio climático, explica que “bastan cuatro preguntas sobre la posición de un individuo acerca del libre mercado para predecir cuál será su postura científica en cuanto al cambio climático”. Y describe el mecanismo por el que se creen las mentiras creadas alrededor de la cuestión climática: “Cuando una persona situada en el espectro neoliberal escucha 'reducción de emisiones'... boom. En su cerebro se dispara un dispositivo que lo coloca en contra. 'Solo los recortes de impuestos son positivos”.

Black constata que esto es justamente lo que ocurre en su país, Reino Unido: “Allí la situación es ideológica. Es mejor ser diferente. Y lo diferente es estar en contra del esfuerzo contra el cambio climático. A eso se le añade la idea de que defender la libertad de expresión incluye las mentiras”. A partir de ahí, “estas personas, que muchas veces son inteligentes, utilizan esa inteligencia para buscar caminos por los que escapar. Por ejemplo: una conspiración”, suma el psicólogo Lewandoski.

La lucha climática es “comunismo”

En España, la fase está actualmente en asociar la lucha climática con una estrategia para imponer el comunismo y el marxismo: “El cambio climático es algo científico. Pero no estamos dispuestos a que se utilice desde un punto de vista marxista para estropear el modo de vida occidental. Para intentar hacer lo que no han podido: imponer su visión marxista de la vida”.

A pesar de que el psicólogo afincado en Bristol dice que quienes defienden ideas como esta son “un grupo pequeño”, el que elaboró y propagó esta teoría en televisión es Iván Espinosa de los Monteros, portavoz parlamentario de un grupo de 52 diputados de ultraderecha en el Congreso de los Diputados.

Este mismo jueves, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha deslizado en el pleno de la Asamblea que, según su criterio, hay algún interés oscuro animando a la movilización contra la crisis climática: Algún día conoceremos qué hay detrás de las 'emergencias climáticas”, ha asegurado. Así ha dejado ese mensaje flotando aunque sin respaldar su aseveración con nada más.

“Como negar la ciencia ya es casi imposible, se buscan otros argumentos nuevos como decir que la transición energética va a costar mucho en términos económicos”, apunta Roger Black.

Espinosa de los Monteros, el pasado 10 de diciembre, con las negociaciones de la Cumbre del Clima en marcha, relacionó directamente las medidas para atajar el calentamiento global al hundimiento de los sectores agrícola, industrial de la automoción y turístico. “Si hundimos nuestra forma de vida vamos a tener cada vez más gente en paro”, se inventó. La Comisión Europea (dirigida por Jean Claude Junker y con Pierre Moscovici de comisario de Economía), ya calculó que descarbonizar la economía aportará un 2% al PIB de la Unión Europea. La misma UE a la que pertenece España.

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