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El teletrabajo aterriza con el coronavirus (aunque no para todos): los derechos laborales para quienes trabajen en casa

Imagen de archivo.

Laura Olías

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“Que me digan cómo teletrabaja una camarera”, decía este lunes una empleada de un restaurante del centro de Madrid a un compañero durante su descanso. El teletrabajo es una de las principales recomendaciones de Sanidad para reducir la exposición de los trabajadores al coronavirus, pero muchas personas no tienen esta opción. Sus puestos no lo permiten, sus empresas no están preparadas para ello o, simplemente, no se lo ofrecen. Otras compañías sí se están adaptando en estos días a toda velocidad, ya que hasta ahora el trabajo a distancia ha sido muy minoritario en España. Desde el mundo del derecho laboral advierten de la importancia de que este aterrizaje forzado del teletrabajo no pase por encima de los derechos de los trabajadores.

El teletrabajo no acaba de despegar en España. Un 95,3% de los asalariados en España asegura que no ha trabajado ningún día desde su domicilio, según los datos de la EPA de 2018. Solo un 2% afirma que lo hace de manera habitual, en concreto “más de la mitad de los días que trabajó”, y un 1,5% apunta que lo hace “ocasionalmente”. En la actualidad no hay una estadística oficial que mida el teletrabajo, pero la EPA suele utilizarse para intuir la magnitud de esta práctica.

La agencia estadística Eurostat mide el trabajo a distancia teniendo en cuenta también a los autónomos que trabajan desde su domicilio. Sus datos apuntan que un 4,3% de los ocupados trabajan habitualmente desde casa, por detrás de la media europea (5,2%) y muy lejos de los países que más implementado tienen este sistema: Países Bajos (14%), Finlandia (13,3%) y Luxemburgo (11%).

Sin acceso al teletrabajo

Como apuntaba esta camarera a su compañero en el centro de la capital, hay muchas ocupaciones que no permiten el teletrabajo. “Si trabajas cargando camiones, no puedes teletrabajar, es así”, ejemplifica Adrián Todolí, profesor de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia.

Muchos puestos manuales, que requieren de la intervención directa de los trabajadores, se ven imposibilitados a implantar este modo de organización del trabajo. Taxistas, cajeras, dependientas, el personal de limpieza viaria, trabajadoras del hogar, limpiadoras, obreros, trabajadores de peluquerías, camareros y otros miembros del personal de la hostelería y del comercio, entre una larga lista de personas cuyas actividades no son compatibles con el teletrabajo.

“Hay que pensar en nuestro modelo de producción y su aportación al PIB, hay muchos trabajadores de sectores como la hostelería, el turismo y el comercio, muchos de los cuales no pueden teletrabajar”, destaca Pedro J. Linares, secretario confederal de Salud Laboral de CCOO.

Por otro lado, hay puestos que podrían realizarse a distancia, pero muchas empresas no están preparadas para facilitar esta opción a su personal. Entre los motivos figuran mantener la seguridad de la información que manejan las compañías y por otras dificultades tecnológicas, que requieren de inversión y tiempo para ponerse en marcha. Y, por último, existen también casos de compañías que no permiten el trabajo a distancia aunque es factible implementarlo. El teletrabajo habitualmente ha generado ciertos recelos entre los empresarios, por dificultar el control de los empleados.

Linares pide que, aunque el teletrabajo sea una medida importante para frenar el avance del coronavirus, no se centre toda la atención en una opción que no está alcance de tantos y que se garantice también la seguridad y la información necesaria al resto de los trabajadores. El ministro José Luis Escrivá ha anunciado que el Gobierno aprobará este jueves un permiso retribuido para los trabajadores que no pueden teletrabajar y tienen que cuidar a sus hijos. Esta será una de las medidas de un amplio paquete económico que el Ejecutivo pretende aprobar para limitar el impacto del coronavirus.

La epidemia fuerza el teletrabajo

Aunque sea accesible para todos, el coronavirus ha logrado en cuestión de días algo que no se había producido nunca en España: que muchas empresas envíen a sus plantillas a casa a trabajar. Tras la recomendación de Sanidad, y teniendo en cuenta que el territorio más afectado es la Comunidad de Madrid, donde se concentran muchas sedes empresariales, varias multinacionales han emitido comunicados anunciando el teletrabajo de su personal. Por ejemplo, Inditex lo ha anunciado respecto a los trabajadores de su sede central en el polígono de Sabón, en Arteixo; los bancos BBVA y Banco Santander con parte de su plantilla, y Vodafone, entre otras empresas.

Eva Rimbau, experta en teletrabajo y profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC, apunta en un artículo que “las compañías que han empezado a usar este modelo ante la actual situación de alerta es porque ya tenían políticas de teletrabajo más o menos implantadas y simplemente lo que han hecho es ampliarlas” y advierte de que en una crisis como la actual, las prisas pueden ocasionar problemas. “Es muy difícil que las empresas que no tienen prácticas de teletrabajo puedan implantarlo de urgencia”, afirma Rimbau, que recuerda el teletrabajo “requiere políticas, tecnología y una calidad directiva que no improvisan”.

Linares coincide en que las compañías que más están extendiendo el trabajo a distancia son aquellas que ya lo practicaban en algunos puestos o de manera ocasional y ahora se han visto forzadas a implementarlo para más personal y durante más tiempo. En su opinión, “no es tan sencillo” extender el teletrabajo de manera muy rápida si antes no se practicaba, al menos garantizando las condiciones y derechos de los trabajadores.

Los mismos derechos laborales desde mi salón

Dos claves que deben tener claras los empleados en el actual escenario es que el teletrabajo debe ser acordado por el empresario y el trabajador, no impuesto por ninguna de las partes, y tiene que garantizar los mismos derechos laborales del personal que presta sus servicios en el centro de trabajo según la legislación vigente, recuerdan los profesores de derecho del trabajo Adrián Todolí (Universidad de Valencia) y Anna Ginès i Fabrellas (Esade).

Los especialistas destacan que la regulación del teletrabajo es escasa y consideran que el actual escenario evidencia la necesidad de revisar la legislación laboral al respecto. UGT apuesta por regular además el teletrabajo en todos los convenios colectivos, más conectados con la realidad de los sectores y empresas, y destaca que en la actualidad sobre se abordado en “el 3,24% del total de los acuerdos laborales firmados en los últimos cinco años”.

Sobre los derechos de los trabajadores, el artículo 13 del Estatuto de los Trabajadores precisa expresamente “en especial, el trabajador a distancia tendrá derecho a percibir, como mínimo, la retribución total establecida conforme a su grupo profesional y funciones”. El empresario sigue siendo además el responsable de garantizar la seguridad y las políticas de prevención de riesgos laborales y “los medios de producción, como el ordenador o el Internet, en principio los tiene que facilitar la empresa aunque se pueda acordar por ambas partes algo distinto”, explica Adrián Todolí.

En la actual coyuntura, de crisis de salud pública, los especialistas de derecho laboral reconocen que todas las partes pueden estar dispuestas a ceder en algunas cuestiones en la implantación del teletrabajo, pero la profesora Anna Ginès i Fabrellas llama la atención sobre no priorizar la emergencia del coronavirus sobre “otras consecuencias relevantes en la salud y seguridad de los trabajadores”.

Por ejemplo, sostiene la docente, no se debe mandar a una trabajadora con problemas de espalda a trabajar dos o más semanas a su casa sin que la empresa se asegure de que tiene una silla ergonómica adecuada para realizar ocho horas de trabajo, “porque de lo contrario puede haber consecuencias en su salud y el deber de la empresa es garantizarla”.

Trabajar con un ojo y cuidar con otro

Otra de las cuestiones clave de esta irrupción del teletrabajo por la epidemia, que ha provocado la suspensión de las clases en varios territorios, es la presencia de los hijos en el hogar familiar, que han puesto bajo el foco las necesidades de cuidados. Anna Ginès i Fabrellas destaca que las empresas deben tener en cuenta este factor y no dar por hecho que “el teletrabajo va a permitir desarrollar el trabajo con normalidad, porque no es así, especialmente en los hogares con responsabilidades familiares”, pero también en aquellos casos en los que haya algún enfermo que atender en el domicilio debido al virus.

Por ello, igual que los trabajadores puede que cedan en esta emergencia ante una adaptación rápida del teletrabajo, con el uso de su propio ordenador, en opinión de la docente las compañías deben ser conscientes de que este escenario es excepcional y en muchos casos no se podrá garantizar la misma productividad. “Si suspenden las clases y tienes a tu cargo una niña de tres años, por ejemplo, tus posibilidades de trabajar son prácticamente nulas”, destaca Ginès i Fabrellas.

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