¿Catalán/valenciano, catalán y valenciano o solo catalán? El regreso de la superada polémica sobre el nombre de la lengua

La socialista Francina Armengol llegó a la silla más alta del Congreso con un compromiso firme bajo el brazo: que bajo su presidencia en el Congreso pudieran utilizarse las lenguas oficiales diferentes al castellano. Un paso de calado en la institución que, sin embargo, ha reabierto una antigua polémica que se consideraba superada sobre la denominación de la lengua que se habla en Lleida, Perpinyà, Santa Pola o Maó. Armengol la llamó “catalán”, a secas, en su primera intervención, pero el expresident valenciano, Ximo Puig, pactó poco después con ella utilizar la doble denominación, catalán/valenciano.

“Esta es la respuesta dada a un obstáculo político, para seguir adelante con el hecho importante, que es que en el Congreso se pueda hablar en catalán. Bienvenida la denominación si es de consenso político, ahora bien, debe quedar absolutamente claro que son dos nombres que se refieren a una misma lengua”, explica Teresa Cabré, presidenta del Institut d'Estudis Catalans (IEC), lo que vendría a ser la RAE del catalán.

La presidenta de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL), Verònica Cantó, considera la doble denominación una “buena solución” para designar la lengua fuera de los territorios en los que se habla. Para Cantó, la institución que preside ha sido “bien clara”: la lengua es la misma, con “dos denominaciones legales, históricas y legítimas”: valenciano y catalán. Así, considera necesario buscar “fórmulas sincréticas” para referirse a la lengua fuera del ámbito lingüístico, que también incluya el nombre de valenciano. “Eso no significa ir en contra de la unidad de la lengua ni dar ninguna imagen fragmentada del conjunto de la lengua”, apostilla. 

El debate sobre cómo referirse a la lengua sólo se da en la Comunitat Valenciana, pues en Balears la denominación oficial según el Estatut es el catalán, y todas las instituciones isleñas utilizan únicamente esta denominación. Cada isla tiene su dialecto (mallorquín, menorquín, etc.), pero existe unanimidad en que todos ellos son variedades del catalán, que en las Islas se manifiesta en su forma más arcaica por el factor de la insularidad. 

Por ejemplo, en las escuelas baleares, los alumnos estudian en un régimen de inmersión lingüística en catalán, y a los funcionarios se les exige una acreditación de ese idioma. Los únicos grupos que defienden la existencia del “idioma balear” pertenecen al ámbito de la extrema derecha, son conocidos como “gonelles” y representan un espacio ínfimo de la sociedad balear.

Se llama glotónimo al nombre con el que se designa una lengua, así que un autoglotónimo es la palabra con el que un idioma se llama a sí mismo. Hay muchas lenguas con más de un autoglotónimo, aunque su elección pueda tener matices: castellano o español, neerlandés o flamenco, rumano o moldavo. 

Esto es lo que buena parte de los lingüistas defiende que ocurre con la lengua que se habla en Catalunya, en la zona del Rosellón francés, en las Illes Balears, en algunas localidades de Aragón limítrofes con Catalunya y en la mayoría de las comarcas valencianas. Todos ellos hablan catalán, solo que los valencianos llaman a esa lengua valenciano.

“Desde un punto de vista filológico y de las instituciones académicas catalana y valenciana, son dos denominaciones de la misma lengua”, explica Avel·lí Flors, sociolingüista nacido en Castelló de la Plana que ejerce en la Universitat de Barcelona. “Pero desde el punto de vista legal, según los estatutos, existen dos denominaciones y ambas reclaman reconocimiento oficial. Y eso lleva a cosas raras, como que en las páginas web oficiales aparezca una pestaña para el catalán y otra para el valenciano”, abunda Flors, que añade que, aceptando que ambas tengan que aparecer, es preferible que figuren juntas.

En la discusión sobre el glotónimo, que se creía superada aunque ahora ha resurgido con la oficialidad en el Congreso, subyace un intento de volver al viejo mito según el cual el catalán y el valenciano son lenguas diferentes, algo que la academia rechaza de plano pero que la derecha valenciana ha abanderado con éxito.

De hecho, la AVL, que siempre ha reconocido la unidad de la lengua, se crea en 1998, bajo la presidencia de Eduardo Zaplana. “Es él quien acuerda la fórmula que dice que el valenciano es una lengua románica que se habla en la Comunitat Valenciana y, también, en el resto de territorios de habla catalana. A mí lo que me hubiera gustado más es la definición de lengua catalana denominada valenciano en el País Valenciano”, explica Cabré. Ahora bien, según defiende la presidenta del IEC, la confusión se da entre el valenciano como glotónimo de toda la lengua catalana y el valenciano como nombre de la variedad dialectal valenciana.

Sin embargo, más allá del ámbito académico o político, el uso del valenciano es plural y complejo y el conflicto se ha limitado tradicionalmente a la provincia de Valencia. Las variedades lingüísticas usadas en las comarcas del norte de Castelló, fronterizas con Catalunya, son prácticamente iguales que las de las Terres de l’Ebre o Lleida. Un caso singular es el de la localidad de Tàrbena, en la comarca alicantina de la Marina Baixa, donde se habla mallorquín, dada la emigración desde las islas en 1610 tras la expulsión de los moriscos. En otras comarcas de Alicante también se habla valenciano.

La paz lingüística valenciana

El conflicto lingüístico ha sido, especialmente durante la Transición, una batalla —frecuentemente violenta, incluyendo atentados terroristas impunes contra el ensayista Joan Fuster o el filólogo Manuel Sanchis Guarner— que ha condicionado irremediablemente la política valenciana. Con 13 muertes y un millar de actos violentos, según el recuento del historiador Borja Ribera, durante la Transición emergió un activo movimiento contra la normalización de la lengua, protagonizado por la UCD y por la extrema derecha nostálgica del franquismo y agrupado en el denominado 'blaverismo' (por el color azul de la bandera). 

El sociólogo Vicent Flor, director de la Institució Alfons el Magnànim, recuerda que “cualquier conflicto lingüístico es una pugna de poder entre grupos sociales”. “El conflicto lingüístico valenciano”, según abunda Flor, “es una lucha por la hegemonía, hasta la Transición democrática casi incuestionada, del castellano frente a una cierta equiparación en determinados usos con el valenciano o catalán”.

Así, “el hecho singular en el País Valenciano es que se reviste, en parte, de conflicto entre el valenciano y el catalán, ya que existe un secesionismo lingüístico que pretende evitar la normalización de usos del valenciano, cosa que, en parte, ha conseguido”. 

La creación de la AVL supuso el principio del fin del conflicto por la lengua. El periodista Sergi Castillo, autor de Operació AVL, el pacte lingüístic dels valencians (Vincle, 2021), recuerda que el conflicto por la lengua ha permanecido “desaparecido” durante dos décadas y sólo ha emergido “puntualmente por intereses políticos”. 

Castillo recuerda que la AVL propició que los representantes de los dos sectores enfrentados por la lengua “se pusieran a trabajar conjuntamente”. La institución estatutaria dio pie al dictamen clave, aprobado por unanimidad el 9 de febrero del 2005, sobre los “principios y criterios para la defensa de la denominación y la entidad del valenciano”. En la práctica, supuso un auténtico tratado de paz (lingüística). 

El texto estableció dos denominaciones “igualmente legales” para designar la lengua: valenciano, según el Estatut d’Autonomia de la Comunitat Valenciana, y catalán, según los respectivos estatutos de Catalunya y de las Illes Balears. 

El 31 de enero del 2014, la AVL aprobó el Diccionari normatiu valencià que incluye la definición del valenciano: “Lengua románica hablada en la Comunitat Valenciana así como en Catalunya, las Illes Balears, el departamento francés de los Pirineos Orientales, el Principado de Andorra, la franja oriental de Aragón y la ciudad sarda del Alguer, lugares donde recibe el nombre de catalán”. “La definición de catalán es exactamente igual, simétrica, pero a la inversa”, remarca la presidenta de la AVL, Verònica Cantó. 

Sergi Castillo sostiene que la AVL intenta “armonizar la recuperación y priorización de las soluciones valencianas genuinas y la convergencia con las soluciones adaptadas en Catalunya”. Castillo también destaca el acercamiento entre el IEC, que ha abierto delegaciones en las tres capitales valencianas, y la AVL, un hecho que “reafirma la voluntad de dictar una normativa para todo el dominio lingüístico”. 

El sociólogo Gustau Pérez, presidente de la Associació Cívica Valenciana Tirant lo Blanch, asegura que la solución de la doble denominación es una “oportunidad” para “desbordar” el conflicto lingüístico y centrarse en el uso de la lengua, “lo que realmente importa”. 

“Con esta doble denominación los valencianos nos podemos sentir más cómodos y, de rebote, se vuelve a evidenciar que valenciano y catalán son la misma lengua, dejando sin argumentos a los que no estiman la lengua y sólo hablan de ella para crear conflicto”, afirma Pérez, quien lamenta la pérdida de tiempo que ha supuesto el conflicto lingüístico. “En vez de estar centrados en el uso y el fomento del valenciano, se ha perdido demasiado tiempo en debates estériles que no llevaban más que a una división social”, afirma el sociólogo, que también lamenta que el conflicto genera un “rechazo” y una “distancia” que implican una “menor capacidad de seducción para captar y consolidar hablantes”. 

Un diagnóstico con el que coincide la presidenta de la AVL: “El conflicto es muy negativo y, ante una percepción de conflictividad, quien gana siempre es la lengua más fuerte, es el castellano”, afirma Cantó. La filóloga también insiste en que el valenciano es una lengua “necesitada de afecto, de estímulo y de fomento”.    

El historiador Vicent Baydal, cronista oficial de la ciudad de València, también destaca la desactivación del conflicto en la dos últimas décadas a consecuencia de la creación de la AVL y su trabajo normativo. “Eso ha hecho que la sociedad valenciana y los valencianoparlantes se hayan sentido mayoritariamente mucho más cómodos con ese planteamiento que reconoce que catalanes, valencianos y baleares hablamos la misma lengua pero que los valencianos la llamamos valenciano y que tenemos una entidad que tiene voz y acción decidida en la tarea normativizadora y de proyección de la lengua”, explica. 

Verònica Cantó, por su parte, estima que se ha logrado la pacificación “aunque, esporádicamente, algunos quieran revivir un conflicto lingüístico que la sociedad valenciana ni quiere ni se cree”. “Se equivocan y no hacen ningún favor a nuestro pueblo aquellos que quieren continuar alimentándolo”, apostilla la presidenta de la AVL. 

El rescate del conflicto por parte del PP y de Vox   

La doble denominación pactada por Francina Armengol y Ximo Puig, expresidente de la Generalitat Valenciana y actualmente senador por designación territorial, ha reavivado el conflicto lingüístico, azuzado por el PP y Vox. 

Tras el anuncio de Armengol, el Ejecutivo autonómico que preside Carlos Mazón lanzó una declaración institucional, leída en un precario valenciano por la vicepresidenta segunda, la popular Susana Camarero, que consideraba un “ataque” la decisión de la presidenta del Congreso. Y es que, salvo algunas excepciones, el uso oficial del valenciano por parte de los representantes públicos del PP y de Vox es escaso o nulo. 

El conseller de Educación, José Antonio Rovira, ha asegurado este jueves que no habla en valenciano en público aunque ha dicho que lo chapurrea en la intimidad con amigos. Rovira ha atacado la AVL, en plena crisis de gestión por los inéditos retrasos en la adjudicación de plazas del personal docente, a pesar de ser un órgano estatutario creado durante el Gobierno de Eduardo Zaplana. 

De hecho, el expresidente valenciano ha defendido esta semana la validez de la AVL, cuya creación pactó con el entonces presidente de la Generalitat de Catalunya, Jordi Pujol. “No es bueno volver a discutir sobre algo que debe dejarse a quienes tienen capacidad para abordarlos, que son los académicos”, aseguraba Zaplana en declaraciones al diario La Vanguardia.   

El actual titular de Educación, que también ostenta las competencias de Política Lingüística, ha cuestionado la AVL al ser preguntado por un tuit de la Conselleria de Agricultura, en manos de Vox, escrito en una suerte de valenciano no normativo y repleto de faltas de ortografía. El mensaje fue retirado horas después ante el aluvión de críticas y, sobre todo, de chanzas. “Tanto el PP como Vox son partidos nacionalistas españoles que se oponen, de una manera u otra, a cualquier bilingüismo”, recuerda el sociólogo Vicent Flor.

La filóloga Nathalie Torres, diputada autonómica de Compromís y subdirectora general de Política Lingüística de la Conselleria de Educación con el Pacte del Botànic, aduce que el ataque a la AVL por parte de Rovira responde a la necesidad de “desviar la atención” de la “gestión nefasta” de las listas de docentes para el próximo curso escolar (la primera crisis grave del nuevo Gobierno de Carlos Mazón). “Es un conflicto que la derecha siempre pone encima de la mesa cuando no le conviene hablar de otras cosas”, recuerda Torres.

El historiador Vicent Baydal duda del posible rédito político del conflicto para la derecha y la extrema derecha en el contexto actual. “Los argumentos de los años 80 y 90 han perdido todo el sentido”, afirma. “A eso se añade el hecho de que entre las filas de los partidos de derecha ahora hay una gran mayoría de políticos monolingües castellanoparlantes, en contraste con lo que pasaba hace 20 años, lo cual pone muy en evidencia que cualquier supuesta defensa que hacen del valenciano es básicamente hipócrita”, explica. 

Vicent Flor, por su parte, alega que el cuestionamiento de la unidad de la lengua “les funciona para su objetivo”, en referencia al PP y Vox. “No se puede pasar por alto que intentar romper la unidad lingüística del catalán es una manera práctica de frenar su uso en el País Valenciano”, afirma Flor. 

Gustau Pérez recurre a su propia experiencia vital para matizar la situación actual: “Si comparo mi adolescencia ‘milenial’ con la de mis sobrinas ‘centenials', no hay punto de comparación”. Frente a los antiguos “debates interminables”, afirma Pérez, “ahora, sencillamente la gente joven comparte ‘stories’ de grupos de música catalanes, valencianos o mallorquines sin complejos”. 

La lengua “es un patrimonio inmenso”

El Gobierno de Carlos Mazón ha anunciado que modificará la Ley de Plurilingüismo, impulsada por el Pacte del Botànic y que asegura una presencia mínima de valenciano en el sistema público y en el conjunto del territorio, incluyendo comarcas castellanoparlantes. 

Las instituciones controladas por el PP y Vox también han anunciado que vetarán ayudas a entidades como Escola Valenciana, un potente movimiento asociativo que se ha erigido en uno de los principales impulsores del valenciano en la enseñanza, ejerciendo un papel clave en la normalización del uso de la lengua en escuelas e institutos. 

“Nuestra lengua es un patrimonio inmenso, es nuestra manera de vivir y de entender el mundo”, afirma el sociólogo Gustau Pérez, quien se muestra preocupado: “Todas las medidas anunciadas van encaminadas a tratar el valenciano como una lengua de segunda y a eliminar derechos lingüísticos”.