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Existe el riesgo de que la comida de tu gato esconda trabajo esclavo y abusos medioambientales

Imagen: Tom Thai-Flickr

Laura Villadiego

Bangkok (Tailandia) —

Samart Senasuk nunca quiso trabajar en un barco. “No quería trabajar tan lejos de casa”, asegura este campesino de Isaan, una de las regiones más pobres de Tailandia en el noreste del país. Tras negarse a la propuesta de un conocido, fue a cenar con él y otros amigos. Tras dar unos tragos a su bebida, se le nubló la vista y perdió el conocimiento. Cuando despertó, estaba en Singapur a punto de ser embarcado en un gran pesquero del que no saldría en los siguientes siete años.

Es probable que parte del pescado que capturó durante aquellos años terminara en algunas de las latas de comida que cada día consumen animales de compañía de todo el mundo, uno de los principales sectores que se sirve de las capturas realizadas por la industria tailandesa, cuarto exportador mundial de pescado según FAO, y que han sido relacionadas con tráfico de personas, trabajo esclavo y pesca ilegal.

Los constantes escándalos llevaron al Gobierno tailandés y a varias de las principales empresas del sector a iniciar una profunda reforma de la industria a mediados de 2015 para mejorar la trazabilidad y evitar los abusos laborales y las prácticas medioambientales no sostenibles en su cadena de producción. Las marcas de comida para animales, sin embargo, se habían quedado atrás en esta carrera.

“Hay muchos problemas de trazabilidad con este tipo de producto porque a menudo no son una única especie, sino que son mezclas de varios tipos de pescado, muchos sobrantes que no se quieren para otros propósitos”, asegura Anchalee Pipattanawattanakul, responsable de océanos de Greenpeace en el Sudeste Asiático.

Pero la industria está despertando. Así, dos de las principales marcas, Nestlé y Mars, han anunciado recientemente que van a adoptar nuevas políticas para limpiar sus cadenas de suministro de pescado teñido de explotación y que van a eliminar una de las prácticas más polémicas en el sector: el transbordo de pescado en alta mar.

“Los transbordos [de una nave madre a barcos más pequeños] en alta mar son una práctica común. Muchos operadores pesqueros los favorecen como una forma rápida para evitar los burocráticos controles de los puertos y maximizar sus beneficios”, asegura la Environmental Justice Foundation en un informe en el que denuncia que estas prácticas están dirigidas fundamentalmente a evitar registrar pescado capturado de forma ilegal.

“Como es difícil controlar los transbordos en el mar, los pescadores ilegales normalmente prefieren transferir sus capturas en el mar antes que en un puerto”, prosigue el informe. “El transbordo en alta mar permite que los barcos estén sin control durante años”, añade Anchalee de Greenpeace.

Desde los años 60, la comunidad internacional ha firmado numerosos acuerdos de gestión pesquera con el objetivo de revertir el preocupante declive de las reservas marinas mundiales, que, en la actualidad, se han convertido en las llamadas Organizaciones Regionales de Ordenación Pesquera (RFMO en sus siglas en inglés). Estas organizaciones tienen jurisdicción sobre áreas marítimas concretas o reservas de peces específicos –las más importantes son las relacionadas con los atunes– y establecen regulaciones sobre cuotas de pesca y métodos, entre otros.

Así, mientras algunas RFMO han prohibido algunos tipos de transbordos en alta mar, otras están instaurando programas de control a través de observadores independientes situados en los barcos.“Sigue siendo una práctica con muchos problemas, porque los observadores están solos en alta mar y en un entorno hostil”, asegura Anchalee, de Greenpeace.

La industria está aún dividida sobre cuáles deben ser los estándares mínimos referidos a los transbordos. Así Nestlé, propietaria de Purina, se ha comprometido a prohibir la práctica en su cadena de producción, mientras que Mars, que tiene entre sus marcas a Whiskas y Pedigree, sólo suspenderá a aquellos proveedores que no puedan probar que se han respetado los derechos de los trabajadores y que no se han violado las leyes internacionales de pesca.

“Si no podemos solucionar estas cuestiones de forma satisfactoria rápidamente, terminaremos con el uso de productos en los que ha habido transbordo en nuestras cadenas de producción hasta que estos graves problemas estén arreglados”, aseguró Isabelle Aelvoet, directora global de sostenibilidad de la rama de comida para animales de Mars en un comunicado conjunto con Greenpeace y Nestlé.

En aguas cada vez más lejanas

No sólo los barcos que hacen transbordos han registrado abusos. El barco de Samart Senasuk solía ir a puerto cada dos o tres meses para descargar su mercancía. Lo hacía, sin embargo, en un agujero en medio del Océano Índico: la isla indonesia de Ambon. La agencia de noticias AP reveló el uso de este pequeño enclave en las Molucas, así como de la vecina Benjina, para encubrir el uso de tráfico de personas y de mano de obra esclava en la industria pesquera de región. Gracias a esa investigación Samart fue rescatado hace dos años y pudo volver a su Tailandia natal.

La investigación de AP fue uno de los numerosos toques de atención que llevó a Tailandia a reformar su legislación y a mejorar las inspecciones en los puertos. Sin embargo, las nuevas leyes se han centrado sobre todo en lo que ocurre en las aguas bajo control directo del país, a pesar de que su industria de procesado de pescado recibe suministros desde buena parte del Índico y del Pacífico.

“Tailandia ha puesto más énfasis en regular lo que ocurre en sus aguas, pero no tanto en lo que ocurre en alta mar”, asegura Daniel Murphy, investigador sobre abusos laborales en la industria pesquera en el país asiático.

Las nuevas regulaciones han llevado así a muchos de los operadores a adentrarse cada vez más en alta mar para evitar tener que adaptarse a las nuevas exigencias del sector, según ha denunciado un reciente informe de Greenpeace. “Están intentando evitar el control costero”, explica Murphy. La prohibición de los transbordos supone así un nuevo revés para las empresas que intentan eludir las legislaciones nacionales e internacionales.

Sin embargo, aunque las grandes marcas de comida para animales cumplan sus promesas y eliminen sus prácticas más controvertidas, seguirán muy por detrás en la carrera hacia productos más éticos y sostenibles. Debido a su compleja y larga cadena de producción, el pescado es uno de los sectores que más abusos registra, pero muchos de los otros ingredientes comunes utilizados por esta industria, como el pollo o los aceites vegetales, también han sido vinculados con deforestación o abusos laborales, sin que las marcas hayan publicado políticas concretas al respecto.

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