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Adiós a John Perry Barlow, el primer activista de los derechos civiles online

John Perry Barlow, por Joi Ito (19 de junio de 2008)

Marta Peirano

John Perry Barlow nació en un rancho de Wyoming, se hizo amigo de Bob Weir en un instituto de Colorado y, cuando Bob fundó The Grateful Dead, Barlow les escribió canciones como Estimated Prophet, Throwing Stones, Cassidy y The Music Never Stopped. Pasando el rato en el Palo Alto de los 80, se intoxicó de la efervescencia tecnológica de la contracultura californiana y tuvo una visión temprana, certera y autocumplida, de la Red.

Prueba incontestable de su intuición exacta es la Electronic Frontier Foundation (EFF), que fundó en 1990 junto con otros visionarios: Mitch Kapor, fundador de Lotus, y John Gilmore, el quinto empleado de Sun Microsystems. No es exagerado decir que Internet sería un lugar muy diferente sin la aportación individual de cada uno de estros tres hombres excepcionales. Pero es justo y necesario decir que, sin su aportación colectiva, sería un lugar mucho peor.

La EFF es una organización sin ánimo de lucro por la defensa de los derechos civiles que trabaja para proteger la privacidad, la libre expresión y el acceso a los recursos públicos y de información de todos los usuarios de la Red. Su propósito original era que Internet pudiera crecer de manera orgánica, distribuida y anárquica, una herramienta para la libertad de expresión, comunicación y movimiento a salvo de los intereses comerciales de la nueva revolución industrial. Ese es el espíritu que refleja la Declaración de Independencia del Ciberespacio.

Sobre el Manifiesto de Independencia del Ciberespacio

Para entender el tono épico del mensaje es importante entender el contexto; el Manifiesto fue la respuesta a Ley de Telecomunicaciones aprobada en EEUU en 1996 y estaba escrita para ser leída en Davos, el 8 de febrero del mismo año. Barlow no está pensando en el documento fundacional para los Internautas en el que se convertiría más tarde. Está pensando en que va a escupírselo en la cara al IMF, World Bank, World Trade Organization, Bank for International Settlements, UN, OECD y el resto de asistentes al Foro Económico Mundial.

“Yo declaro un espacio social independiente que construimos nosotros, por naturaleza independiente de la tiranía que nos tratáis de imponer. No tenéis derecho moral para gobernar sobre nosotros, ni tenéis herramientas para obligarnos que tengamos motivos para temer”.

John Perry Barlow no era un cándido technohippy con el cerebro arruinado por el LSD y los solos de guitarra de Jerry García. Estaba en pleno conocimiento de las capacidades y peligros de la tecnología que hace posible Internet y por eso apoyó intensa y productivamente el software libre, los canales de comunicación protegidos por criptografía y todas las herramientas libres diseñadas para proteger la libre asociación y expresión de los internautas.

“Lo que dije fue: el ciberespacio es por naturaleza inmune al Poder Supremo y siempre lo será. Lo creía entonces y lo creo ahora”. No porque creyese ciegamente en la benevolencia del sistema sino porque conocía el genio, el espíritu y la determinación infatigable del colectivo de programadores que nos ha legado TOR, VPN, OTR o la PGP. De momento, el tiempo le ha dado la razón. Todas sus predicciones se han cumplido. El improbable mundo que imaginaba está aquí, y es el nuestro.

En el principio estaba la EFF

La EFF se convirtió en la primera institución legal en luchar por los derechos civiles online, estableciendo los primeros marcos de legislación digital. Su primer caso fue Steve Jackson Games, una compañía de Austin que había sido asaltada por la policía secreta, que se había llevado todos sus ordenadores en busca de cierta documentación. Gracias a este caso, se estableció que el registro de un disco duro -correos, archivos, etc. - quedaba sujeto a orden judicial, como el registro de una casa. Cuando ganaron Grokster v. MGM, consiguieron proteger a las redes P2P de pagar por las infracciones de copyright de sus propios usuarios.

Otros, sin embargo, le conocen por su lucha contra los abusos de copyright. Un proyecto inesperado viniendo de un antiguo letrista y uno de los autores más citados de la última revolución industrial. “Vuestro concepto legal de propiedad, expresión, identidad, movimiento y contexto no se aplican a nosotros -escribe en la Declaración-. Dependen de la materia. No hay materia aquí”. Fue coherente con sus principios, y una fuente inagotable de asombro, enfado y admiración de sus muchos colaboradores.

Barlow era un ferviente libertario y cambió varias veces de bando. Fue presidente del condado de Texas por el partido republicano, y hasta fue mánager de la primera campaña de Dick Cheney, pero más tarde apoyaría la primera candidatura de Obama. No siempre estuvo de acuerdo con sus pares. Mientras la EFF ha mantenido su defensa de la Neutralidad de la Red, Barlow se manifestó en su contra. El creía que la Red es libre por naturaleza, y estaba en contra de la regulación estatal sobre lo que es libre.

Su famoso ensayo para La economía de las ideas  (Wired, Enero de 1994) explica cosas que hoy nos parecen obvias, como que las ideas están en todas partes y que creación es un servicio por el que deberías cobrar (como un concierto o un royalty) y no un objeto que te pertenece de por vida (como en Todos los derechos reservados). Si ahora este concepto nos parece razonable, es en parte gracias a su esfuerzo. En el momento de publicarlo fue calificado de escándalo, disparate y crimen contra la humanidad.

Un inmenso legado

Durante la mayor parte de su vida, Barlow mantuvo una intensa actividad, participando en congresos y festivales, hasta que sus problemas de espalda redujeron sus movimientos. Hubo varias operaciones, algunas más exitosas que otras. En In 2015 sufrió un ataque al corazón que le dejó gravemente debilitado. “Estuve muerto durante 8 minutos el pasado miércoles -anunció esa semana.- (...) Siento comunicaros que no vi ninguna luz”. Los últimos años de su vida los pasó hospitalizado. Sus amigos abrieron una cuenta para ayudarle a pagar sus facturas médicas. Nunca se recuperó.

En su nota de despedida, la directora ejecutova de la EFF Cindy Cohn escribe que su legado es “un mundo en el que todos podemos entrar sin privilegio ni prejuicio de raza, poder económico, militar o de cuna... un mundo en el que cualquiera, en cualquier sitio puede expresar sus creencias, por extrañas que sean, sin miedo a ser forzados al silencio o el conformismo”. 

John Perry Barlow deja tres hijas -Leah Justine, Anna Winter y Amelia Barlow- y 3.885.567,619 hijos adoptivos, el número de habitantes del ciberespacio en el preciso momento en que se marchó.

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