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Diez personas por apartamento, la situación límite de Ibiza

Un playa en Baleares.

Esther Ballesteros

“Busco chica que cocine y limpie en mi apartamento a cambio de alquiler y comida gratis”. Es uno de los últimos anuncios publicados en Internet que revelan la situación que atraviesa la vivienda en Ibiza, donde en estos momentos llegan a hacinarse hasta diez personas por apartamento. En esos ‘pisos patera’, cada inquilino paga una media de entre 350 y 500 euros.

Se trata de una de las principales consecuencias del maremágnum turístico que vive Baleares y que está convirtiendo la gentrificación, la subida de precios, los abusos y la especulación en problemas diarios a los que deben hacer frente tanto residentes como profesionales llegados de fuera para establecerse temporalmente.

La problemática empeora en verano. Centenares de trabajadores buscan de forma desesperada un alojamiento mientras se ven abocados a dormir en sus coches. En declaraciones a eldiario.es, el portavoz de la Plataforma de Afectados por el Alquiler en Ibiza, Luis Gonzaga, lamenta que uno de los principales efectos de esta realidad es que están llegando a la isla empleados menos cualificados puesto que a los más preparados “no les merece la pena pagar alquileres tan altos”.

Son varias las plataformas en las que abundan los mensajes de quienes se afanan en encontrar, con urgencia, una vivienda digna o, al menos, asequible. Otros, conscientes de la situación, se conforman con hallar una habitación en la que vivir durante la época estival, como el caso de dos azafatos de vuelo que amplían incluso el espectro de búsqueda: les va bien que la vivienda esté “por Ibiza, Playa d’en Bossa, Figueretas o Sant Jordi”.

Dejadez de la Administración

Gonzaga recrimina la “dejadez” de las instituciones y que estas den “vía libre” a la actuación de los propietarios: “No están haciendo nada. Quieren regular el tema de los alquileres pero hay un interés político detrás electoralmente hablando. Muchos propietarios son de Ibiza y dan votos. Hay mucha gente en la isla que se beneficia de esto”.

Se refiere, en concreto, al anteproyecto que regulará los alquileres turísticos en Baleares, aún en tramitación, que contempla multas de hasta 40.000 euros a quienes publiciten ofertas ilegales. De hecho, según la normativa, los pisos turísticos deben contar con la autorización de la comunidad de propietarios y las construcciones deben tener, como mínimo, una antigüedad de diez años.

La ley también establece un registro obligatorio en el que deberán inscribirse las viviendas que se anuncien en portales web, algo muy alejado de la realidad en el archipiélago.

La situación de Ibiza es paradójica: “Es mucho más fácil encontrar trabajo que casa”, asevera Gonzaga. Un ejemplo es el de Mireia, de 24 años. Tiene, al igual que una amiga, trabajo fijo en Ibiza pero “nos encontramos en la situación de que no tenemos dónde vivir”. Las dos jóvenes han decidido pedir ayuda en la red: “Estamos buscando una habitación doble para las dos, simplemente para poder dejar nuestras cosas, dormir y comer en algún momento, ya que trabajamos prácticamente todo el día”.

Todo vale

Balcones, literas, porches, caravanas… todo vale para los propietarios de inmuebles de Ibiza. Son los rincones que ofertan a quienes llegan a la isla. Si estos no aceptan lo que se les ofrece, los caseros saben que hay más buscando alojamiento de forma desesperada para seguir anunciando camas por 500 euros en habitaciones a compartir y sin posibilidad de disfrutar del resto de la casa.

Precisamente, el propietario de una vivienda en Siesta puso hace varios días en alquiler una habitación por 500 euros más fianza y gastos no incluidos. Eso sí, el interesado, “preferiblemente que no madrugue mucho”. Otro anuncio publicitaba un ático “coqueto” de una habitación y terraza por 1.700 que enseguida recibió opiniones: “Por 1.700 debería ser un pedazo de ático y no coqueto, ¿no crees?”.

En lo que a Mallorca se refiere, la plataforma Terraferida, una de las voces ecologistas y sociales más potentes en la isla, advierte de la tramitación de 50.557 nuevas plazas turísticas en la isla, lo que hará aumentar en más de un 15% la oferta existente, situada en 333.165. De las nuevas plazas, 39.004 corresponden al alquiler turístico y 11.553 a otras categorías como hoteles y agroturismos.

A juicio de los responsables de esta entidad, se trata de una cifra que irá en aumento debido a la ausencia de moratorias o restricciones que frenen el alud de peticiones de nuevas licencias hasta la entrada en vigor de la nueva regulación turística. “Pese a que los responsables de Turismo reciben grandes cantidades de peticiones de nuevas licencias y plazas desde hace meses, no han querido establecer ninguna medida para controlarlas ni frenarlas”, lamentan.

Se da la circunstancia además de que Palma de Mallorca ha alcanzado la mayor cifra de ciudadanos empadronados en ella de toda su historia: 434.516 personas a 1 de enero, un hecho que los responsables municipales atribuyen a la elevada turistificación de la capital balear. A ello se suma un hecho: más de dos millones de personas llegaron a concentrarse en un solo día (el 10 de agosto de 2016) en el archipiélago, cifra que constituye el doble de la población residente. Baleares batió así el récord de presión humana de toda su historia.

Diversas entidades como Terraferida, Sin Límites no hay Futuro, el GEN-GOB Ibiza, el GOB Mallorca, la Federación de Vecinos de Palma, Ciudad para quien la habita y el Consell de Ibiza han pedido de forma reiterada esta moratoria ante la situación a la que se enfrentan las islas.

Mientras llega una solución definitiva, en Ibiza se aplican remedios temporales a una situación insostenible. Los hoteleros del municipio de Sant Antoni han ofrecido hasta veinte plazas de sus habitaciones para los guardias civiles que este verano llegarán de refuerzo a Ibiza, mientras que el antiguo hospital de Can Misses ha sido habilitado para que los profesionales sanitarios que aterricen en la isla pitiusa puedan disponer de un lugar donde vivir. “De alguna forma les tienen que alojar”, concluye Gonzaga.

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